Fundación de Enfermedades Neurodegenerativas · Chile
Durante 2026 la Fundación pidió, por Ley de Transparencia, los datos de atención neurológica de la red pública de salud. Respondieron quince organismos: la Subsecretaría de Redes Asistenciales, ocho servicios de salud y seis hospitales. Esto es lo que entregaron, sin interpretar y sin redondear. Cada cifra de esta página indica el folio del que salió, para que cualquiera pueda pedir el mismo documento.
La Ley N° 20.285 obliga a entregar la información que el organismo tiene. No obliga a tenerla, ni a tenerla en el mismo formato que el de al lado. Eso se nota en cada archivo que llegó, y explica por qué algunas regiones aparecen aquí con mucho detalle y otras con una línea.
La solicitud fue siempre la misma y pedía cuatro cosas: listas de espera de neurología adulta e infantil, prestaciones de rehabilitación, dotación de neurólogos y profesionales asociados, y equipamiento de diagnóstico. Las secciones de esta página siguen ese mismo orden, porque es el orden en que los organismos contestaron.
Las respuestas llegaron entre febrero y julio de 2026. Son fotografías de fechas distintas y no se pueden sumar entre sí como si fueran un censo. Cuando una cifra corresponde a un solo servicio o a un solo hospital, aquí se dice cuál; cuando es de todo el país, también.
Tres cosas que conviene tener presentes antes de leer los gráficos.
Uno. Que un dato no aparezca no significa que el problema no exista: significa que ese organismo no lo registra o no lo entregó. El Hospital Dr. Gustavo Fricke, por ejemplo, responde que sobre los controles de neurología «no se dispone de esta información». La espera por control simplemente no se mide.
Dos. La cobertura territorial es despareja. Ocho servicios de salud de los veintinueve respondieron con detalle. Los datos nacionales de dotación, equipamiento y garantías GES sí cubren el país completo, porque los entregó la Subsecretaría de Redes Asistenciales en un solo documento.
Tres. Ninguna persona es identificable en esta página. Uno de los archivos recibidos contenía nombres, RUN y correos de pacientes en lista de espera. Ese archivo no se publicó ni se usó en detalle: de él solo se ocuparon los recuentos por edad y sexo que el mismo hospital entregó ya agregados.
Quince organismos, ordenados de norte a sur. El color indica qué alcance tiene lo que entregaron.
El Servicio de Salud Coquimbo fue el único que entregó su lista de espera caso a caso, con la fecha en que cada persona entró. Con eso se puede calcular la espera real y no solo el promedio que informa el propio servicio. Es el retrato más exacto que existe en este conjunto de datos.
Cada barra es una especialidad; los tramos van del que lleva menos tiempo esperando al que lleva más. Corte al 31 de marzo de 2026.
Siete de cada diez niños y niñas en espera de neurología infantil en Coquimbo llevan más de un año esperando la primera consulta. Casi tres de cada diez llevan más de dos. El registro más antiguo entró hace 1.384 días: tres años y diez meses.
La neurología no es una especialidad marginal dentro del problema de las listas de espera. De las 103.088 personas que esperan una consulta de especialidad en esa región, 14.210 esperan por neurología adulta, infantil o neurocirugía: casi una de cada siete.
No es un ranking entre iguales: unos informan por servicio completo y otros por un solo hospital. Cada barra dice cuál es cuál.
La mediana es la que manda: dice cuánto espera la persona que está justo en la mitad de la fila. Cuando el promedio la supera por mucho, hay una cola de casos muy antiguos tirando del número hacia arriba.
El GES no es una lista de espera: es un plazo con fuerza de ley. Cuando el Estado no cumple dentro del plazo, la garantía queda «retrasada». Estas son todas las garantías retrasadas del país en los siete problemas de salud neurológicos cubiertos, al 31 de enero de 2026.
Fuente FONASA SIGGES, retrasos acumulados al 31 de enero de 2026, extracción del 10 de febrero de 2026.
Alzheimer y tumores primarios del sistema nervioso central concentran más de la mitad de los incumplimientos. Son, además, los dos problemas donde el retraso se paga más caro: en el primero porque la confirmación diagnóstica tardía cierra la ventana en que el tratamiento todavía cambia algo, y en el segundo porque un tumor no espera a que se cumpla el plazo.
Estos 2.199 casos son personas concretas cuyo derecho garantizado por ley fue incumplido, y el Estado lo sabe: la cifra viene de su propio sistema de registro.
La Subsecretaría de Redes Asistenciales entregó la dotación completa del Sistema Nacional de Servicios de Salud: 1.444 cargos de neurología adulta, neurología pediátrica y neurocirugía, repartidos en 84 establecimientos. Medidos en horas semanales contratadas, que es la unidad que importa, suman 34.586.
Suma de neurología adulta, neurología pediátrica y neurocirugía. Cada cargo se cuenta por las horas que tiene contratadas, no como una unidad.
La Región Metropolitana concentra 13.163 de las 34.586 horas del país: el 38 %, para cerca del 40 % de la población. Visto así, la capital no está sobredotada. El problema no es dónde hay más, sino cuánto queda para el resto cuando se reparte.
Atacama tiene 374 horas semanales de neurología para toda la región. Arica y Parinacota, 347. Aysén, 610. Son cifras que caben en dos o tres profesionales de jornada completa por especialidad, para territorios enteros.
Dos servicios de salud no tienen ninguna hora contratada de neurología pediátrica: S.S. Chiloé y el CRS Cordillera. Y cinco no tienen ninguna hora de neurocirugía: Araucanía Norte, Arauco, Chiloé, Viña del Mar-Quillota y el CRS Cordillera.
Entre los 84 establecimientos del país que declaran dotación de neurología.
El catastro nacional entregado por la Subsecretaría reúne 262 equipos de diagnóstico neurológico en toda la red pública: resonadores magnéticos, tomógrafos computados, electroencefalógrafos y electromiógrafos. Los resonadores, que son el examen central para demencias y esclerosis múltiple, son 35 en todo el país.
Resonancia magnética, tomografía computada, electroencefalografía y electromiografía, según el catastro nacional.
Atacama aparece en el catastro con dos equipos y ningún resonador magnético. Aysén, con dos. Los Ríos, con cuatro. Un diagnóstico de demencia o de esclerosis múltiple en esos territorios depende de derivar a la persona a otra región, con el tiempo y el costo que eso significa para una familia.
El catastro cuenta equipos instalados, no equipos funcionando. Cuando un establecimiento sí informó el estado, aparecen cosas como la que sigue.
El Servicio de Salud Talcahuano entregó el detalle de cada egreso hospitalario con diagnóstico del capítulo VI de la CIE-10 —enfermedades del sistema nervioso— entre 2021 y 2025: 3.008 episodios en tres hospitales. Es el único registro de este conjunto que muestra la atención efectivamente prestada, y no la que falta.
Hospital Las Higueras, Hospital de Tomé y Hospital Penco-Lirquén.
Código y descripción según la Clasificación Internacional de Enfermedades, décima revisión.
Las epilepsias y las isquemias cerebrales transitorias dominan el cuadro. Son episodios agudos: la persona llega, se estabiliza y se va. La estancia mediana es de cuatro días, pero el promedio es de 8,9 y el caso más largo duró 2.247 días, seis años dentro de un hospital.
Eso es lo que se ve cuando el sistema funciona por urgencia. Lo que el registro no muestra —porque no existe como egreso— es el seguimiento largo de una demencia o de un Parkinson, que no se resuelve en cuatro días ni en una cama de agudos.
461 personas esperan kinesiología, terapia ocupacional o fonoaudiología por un diagnóstico neurológico o neurodegenerativo. El año indica cuándo entraron a la lista: los de 2019 llevan siete años esperando.
La Fundación tiene su sede en Concepción y su proyecto de centro de atención integral se plantea para esta región. Cuatro servicios de salud la componen —Concepción, Talcahuano, Arauco y Biobío— y los cuatro respondieron o quedaron cubiertos por el catastro nacional. Esto es lo que muestran juntos.
4.382 horas en total, el 12,7 % del país.
El Servicio de Salud Arauco tiene 187 horas semanales de neurología para toda su población, sin ninguna hora de neurocirugía. Es la cifra más baja de la región y una de las más bajas del país.
En el Servicio de Salud Biobío, el Complejo Asistencial Dr. Víctor Ríos Ruiz de Los Ángeles declara 147 personas en lista de espera con diagnóstico asociado a demencia, incluyendo Alzheimer, y 6 con Parkinson. Es el único establecimiento del país, entre los que respondieron, que desglosó su lista de espera por diagnóstico neurodegenerativo. Que solo uno pudiera hacerlo es, en sí mismo, el dato.
En el Servicio de Salud Talcahuano existe un Centro de Demencia con equipo propio —neurología, psiquiatría, geriatría y apoyo—, y en los tres hospitales de su red hubo 3.008 egresos por enfermedades del sistema nervioso en cinco años. El Hospital Penco-Lirquén, en cambio, informa que no cuenta con unidades especializadas en enfermedades neurodegenerativas.
62 garantías incumplidas al 31 de enero de 2026. Corresponden al Servicio de Salud Biobío, no a la región completa: es el único desglose por servicio que la Subsecretaría entregó.
Hasta aquí la página solo mostró lo que cada organismo entregó. Esta sección es distinta: es la lectura de la Fundación sobre ese material. Las cifras siguen siendo de los oficios; las conclusiones son nuestras y se pueden discutir. Cada hallazgo indica en qué dato se apoya, para que la discusión sea sobre el razonamiento y no sobre la aritmética.
La pregunta que ordena este informe es la que necesita responder cualquier proyecto en el área: ¿qué falta, exactamente? No «faltan neurólogos» ni «faltan recursos», que es cierto en todas partes y no sirve para decidir nada, sino qué falta, dónde y de qué tipo. Los seis hallazgos que siguen son lo que el material permite afirmar.
Para los cinco servicios que informaron su red completa, y por eso son comparables. La barra azul es el peso de la neurología pediátrica dentro de las horas clínicas contratadas del servicio; la naranja, su peso dentro de la lista de espera. En los cinco, la segunda es mayor que la primera.
El indicador más simple que estos datos permiten construir. Divide la lista de espera de una especialidad por las horas que ese servicio tiene contratadas en ella. No mide productividad de nadie: mide cuánta demanda acumulada hay detrás de cada hora disponible.
Una advertencia sobre este indicador, y una pista. La dispersión es enorme: de 28,8 personas por hora en neurología pediátrica de Coquimbo a 0,4 en neurología adulta de Talcahuano. Parte de esa diferencia no es capacidad sino contabilidad: cada servicio acumula su lista desde un año distinto, y una lista corta puede significar una red que responde o un registro que empieza más tarde. Por eso el indicador sirve para comparar dentro de un mismo servicio —adulto contra pediátrico— con más confianza que entre servicios.
Dicho eso, el extremo bajo merece atención en vez de sospecha. Talcahuano es el único servicio de este conjunto que tiene un Centro de Demencia con equipo propio —neurología, psiquiatría, geriatría y apoyo administrativo— y es también el que muestra la menor carga de neurología adulta del país entre los comparables. No es prueba de causalidad: es exactamente la hipótesis que un proyecto en la región debería poner a prueba, y está a treinta kilómetros de Concepción.
Cada eje con lo que el dato muestra, la brecha que se deduce y una respuesta honesta sobre si un centro de atención integral en el Biobío la resuelve. Un proyecto que dice resolver las seis no es creíble.
No mide prevalencia. Nada de lo que hay aquí dice cuántas personas viven con una enfermedad neurodegenerativa en Chile ni en el Biobío. Todo lo que se mide es contacto con el sistema. Un proyecto que necesite una cifra de población objetivo tendrá que estimarla con literatura internacional y proyecciones del INE, y decir que la está estimando.
No compara con un estándar. No existe una norma chilena publicada de horas de neurología por habitante, así que no se puede afirmar que un servicio esté «bajo el mínimo»: solo que está muy por debajo de otros. Las comparaciones de esta página son entre pares, no contra una meta.
No tiene tasas regionales por habitante. El INE publicó la proyección nacional 2026 con base 2024, pero las regionales de esa misma base recién salen el segundo semestre de 2026. Mezclar bases daría cifras que parecen precisas y no lo son.
No cubre el sistema privado ni las FFAA. Todo lo aquí reunido es red pública dependiente del Ministerio de Salud. Una parte de la atención neurológica del país ocurre fuera de este universo y no aparece.
Los cortes son de fechas distintas. Entre febrero y julio de 2026. Sirven para describir un estado, no para construir una serie de tiempo.
Un observatorio honesto tiene que decir también qué no se pudo saber. Estas no son omisiones de esta página: son huecos del registro público, y varios organismos los declararon por escrito.
Cuántas personas viven con una enfermedad neurodegenerativa en Chile. No existe un registro nacional. Lo que hay son listas de espera, garantías GES y egresos hospitalarios: tres maneras distintas de contar a quien ya llegó al sistema. Quien no llegó no está en ninguna.
Cuánto se espera por un control, no por la primera consulta. La lista de espera que se mide es la de consulta nueva. El seguimiento —que en una enfermedad neurodegenerativa es casi toda la atención— no se mide como espera. El Hospital Dr. Gustavo Fricke lo dice explícitamente en su respuesta.
Cuántas personas esperan por diagnóstico específico. Solo el Complejo Asistencial Dr. Víctor Ríos Ruiz pudo desglosar su lista de espera por demencia, Parkinson, esclerosis múltiple y ELA. Los demás registran por especialidad, no por enfermedad.
El estado real del equipamiento. El catastro nacional cuenta equipos instalados. Solo tres establecimientos informaron además si funcionan, y uno de los tres declaró su único resonador magnético como inoperativo.
Una cifra regional consolidada. El Hospital de Quilpué lo formuló mejor que nadie al responder que solo puede pronunciarse sobre lo que registra directamente. No existe un lugar donde un ciudadano pueda pedir la cifra completa de su región: hay que pedirle a cada establecimiento la suya y sumarlas a mano. Esta página es exactamente eso.
Cada uno es una respuesta formal a una solicitud tramitada bajo la Ley N° 20.285 sobre Acceso a la Información Pública. Con el folio, cualquier persona puede pedir el mismo documento al mismo organismo.